Recordamos las horas de conversación y risas el día que tuve la fortuna de que participara en la presentación de mi libro “Solas”, en la que habló del amor, la soledad, la maternidad, hace más de diez años, con Amelia Valcárcel e Iciar Bollain.
Disfrutamos con su desbordante vitalidad, su sentido del humor y su gestualidad. Ana María es una escritora inmensa, inteligente e inocente. Amante de “El Quijote” y de “Tirant lo Blanch”, hada buena, mujer delicada y con una gran fuerza interior que le ayuda a vivir, trasmite una persistente vocación de felicidad, aunque afirma que el sufrimiento enseña, pero sólo si se logra sobrevivir porque el sufrimiento suele matar. Confiesa que cultivar su mundo propio le ha salvado y que le importa sobre todo el amor y la literatura y que ésta sirve para protestar, desvelar malestares, tender la mano. Se considera una espectadora que siente las angustias del ser humano, y al sentirse incapaz de solucionarlas, las relata para comunicar la rebeldía que lleva dentro desde niña.
Decía al ingresar en la Real Academia “escribir también es creer en uno mismo, para poder creer en tantas cosas, y descubrir tantas cosas, que están ahí, aunque no se vean. Cosas buenas, o bellas, o simplemente ciertas. Hay que creer en uno mismo, y así en los otros, para que la oscuridad se encienda. Escribir es un descubrimiento diario a través de la palabra, y la palabra es lo más bello que se ha creado, es lo más importante de todo lo que tenemos los seres humanos. La literatura es, en verdad, la manifestación de ese malestar, de esa insatisfacción expresada de tantas maneras como escritores existen; pero también es, sobre todo, la expresión más maravillosa que yo conozco del deseo de una posibilidad mejor. Para mi, escribir es la búsqueda de esa posibilidad. No le gustan las injusticias, los malentendidos, ni la tacañería del alma. Dice que quien no sabe ver que la vejez tiene un placer propio es un amargado porque la vida lo que te quita con una mano te la da con otra, se gana mucha paciencia y se van perdiendo cuentas de colores. Aunque todavía llora por muchas cosas, lo hace en privado porque procura no molestar. Le gusta más la palabra comprender, y se afana en hacerlo, que perdonar. Tocó el odio y la depresión y sabe lo que es amar. Confiesa que tiene una nueva manera de mirar ahora, mas serena, mas tranquila, y que ahora que ya no se siente una mujer apasionada se percibe mas justa y mas alegre. Hoy mi palabra especial, mágica, es alegría porque se que nuestra gran escritora se siente feliz y su felicidad es ampliamente compartida.